Música para sentirte como un rey y combatir el síndrome posvacacional

Así es como se combate el estrés posvacacional

Así es como se combate el estrés posvacacional

Alguien decía por algún lugar que “viajar es descubrirse a uno mismo“. Supongo que es porque nos sentimos tan bien cuando viajamos que luego nos cuesta volver a la rutina. Pero, ¡ay! Ya nos encontramos en ese vértice lunar en el que faltan… erm… tres días para que los niños empiecen de nuevo el colegio (en algunos países ya lo han comenzado) y toda la sociedad vaya detrás, de vuelta de la playa a la ciudad (siempre me ha impresionado cómo lo de la vuelta al cole condiciona a una sociedad entera). Volvemos a nuestra ciudad, a nuestra casa, al ordenador, a las prisas por llegar pronto…

Vuelve el curso y con él, los síndromes posvacacionales esos. Nos negamos a perder los momentos de desayunitos tranquilos al sol por las mañanas. Pero, ¡eh! No tenemos por qué abandonarlos, no tan rápido al menos. El resto del año también está lleno de momentos y de mañanas en las que nos apetece volver a sentirnos tan especiales como nos sentimos en las vacaciones. Nos encantaría por un momento volver a sentirnos como reyes en nuestro palacio, sin preocupaciones. Y la música nos puede ayudar. De hecho es casi lo único que, cerrando los ojos, podrá llevarnos inmediatamente a desconectar un rato y creer que estamos en Versalles.

luisxivPor eso, te he hecho una selección de música para hacerte sentir como un rey/reina en tu palacio. Mejor que ellos, de hecho. Primero, porque algunas de las piezas que he seleccionado están separadas por varias décadas de distancia, y probablemente ni siquiera el mismo Luis XIV hubiera podido escucharlas todas tan bien y de seguido. Tú sí tienes la oportunidad. Y segundo, porque en muchos sentidos vivimos mejor que los reyes más acaudalados de hace 300 años. Puede que nuestras casas estén decoradas de Ikea, vale, pero en general tenemos sanidad, calefacción, wifi, champú, maquillaje sin plomo y cuchillas de afeitar seguras.

Y ya puestos, ¿por qué no nos inventamos una historia para que esa curación del síndrome posvacacional sea aún más efectiva?

***

Ya no estás sentado frente a tu ordenador en tu salón. Eres el invitado a una boda que está por comenzar, que va a durar dos días, y que se celebra en el palacio de tu mejor amigo (así te ahorras el tener que encargarte de su limpieza y puedes dedicarte sólo a gozar). Esperas de pie, en medio de un enorme jardín demarcado por setos a media altura, a la llegada de la novia, bebiendo una copita de champán y riendo despreocupadamente a un chiste que tu compañero de conversación -y lunar en la mejilla- os acaba de contar, a ti y a unos amigos.

Por fin llega la novia al palacio dentro de un carro tirado por caballos y, misteriosamente, de la nada suena La llegada de la reina de Sheeba, de Haendel. (2’51”, pincha en el enlace naranja para escucharlo directamente desde Spotify).

Cuando por fin se detiene el carruaje, os dirigís todos los invitados a la capilla del palacio, donde se celebra el casamiento. Se celebra el bodorrio, se tiran pétalos de rosa y cuando por fin la parejita está casada, salen de la capilla al sonido del coro del Gloria en Re mayor de Vivaldi (una de sus piezas sacras más conocidas), (2’29”). ¡Arf, es todo tan bonito! Por cierto, si lo ves en este vídeo de Youtube, la pieza en cuestión es hasta el minuto 2:20.

Se te escapa alguna lagrimita, pero en realidad ahora llega lo divertido: el banquete en el patio de fuentes del palacio. Salís de la capilla, cruzáis estancias y corredores hasta salir al patio de fuentes.  Ahí os espera un banquete copioso lleno de delicias y lechones con manzana en la boca incluidos. Y mientras sales, suena la Suite nº2 de la Música Acuática de Haendel. (5’21”, si lo escuchas en el vídeo, dura hasta el minuto 6’13”)

Después de varias horas de festejar, cae la noche. Empieza a caer cencellada, y todos los invitados os dirigís a un salón de dentro del palacio (uno de los cien que hay). Llega el momento de las danzas, y la orquesta de cámara toca la Marcha para la ceremonia de los turcos de Lully. (2’20”).

Después de pasaros un buen rato bailando danzas afectadas, ya estáis cansados, pero aparece la pareja de novios recién casados, que se despide para salir en luna de miel. Por eso suena la Alla Hornpipe (una vez más, de la música acuática de Haendel), seguro que ya la has escuchado alguna vez. Pero no te preocupes, aunque el festejo se haya terminado para los novios, la familia anfitriona, la de tu mejor amigo, os deja quedaros a dormir en el palacio. (3’17”).

Así que a la mañana siguiente te despiertas con el sol que entra entre los cortinajes de la habitación en la que has dormido, de color añil. Los pájaros cantan, el sol brilla, es todo muy bonito, y entonces escuchas en tu cabeza -no sabes si por lo armonioso de la mañana o por las consecuencias del champán- este Preludio de Purcell. (Lo siento, para esta pieza no he encontrado vídeo en Youtube) (0’50”).

Cuando dejas de escuchar esta música en tu cabeza, empiezas a darte cuenta de que huele a pan tostado por todos los corredores del palacio. Bajas a desayunar y mantienes una charla muy placentera y distendida con tus amigos, que te informan de que a media mañana iréis todos a cazar. Así que poco después de haber subido a tus aposentos a cambiarte de calzas y bombachos, te ves montado en un bonito corcel que corre al ritmo de la caza de este Concierto en Re menor para cuerda y clavecín de Vivaldi (1’17”).

Terminada la caza, por fin todo el séquito volvéis por el bosque, y lo hacéis al ritmo de esta Obertura y Suite en Mi menor de Telemann (2’10”).

Unas horas después, os habéis comido un venado, un jabalí, una gacela y hasta un elefante y estáis ahítos y os morís de gota y ácido úrico. Con la tripa abultadísima y los botones desabrochados, escucháis en algún lugar de vuestra cabeza (o creéis quizá que escucháis a causa del empacho) el Concierto en Fa menor para clavecín BWV1056 de Bach (2’35”).

Y por fin, cuando sois capaces de recobrar la capacidad de caminar, os retiráis a la cama de nuevo al ritmo de esta Colombine -el IV de los movimientos de esta Obertura Burlesque de Telemann (2’18”). Puedes encontrarla justo en el minuto 6:39.

¡Buenas noches! O… ¿buenos días? Si quieres escuchar la lista entera de música, está a tu disposición en Spotify ;)

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